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Pilar Quirosa o la celebración de la vida (III)

 



Retomo la lectura de la obra poética de Pilar Quirosa con el libro “Et signa erunt”, que en su traducción viene a decir algo así como “Y las señales son”, publicado por el Ayuntamiento de Málaga en su, desgraciadamente desaparecida, colección “Ancha del Carmen”, título tomado en recuerdo de uno de los lugares más castizos o emblemáticos de dicha ciudad. El poemario vio la luz en el año 2008, siendo director de la colección el también poeta y presidente, por aquellos días, de la Asociación Colegial de Escritores, Sección Autónoma de Andalucía José García Pérez. En este poemario la poeta atiende o interioriza, podríamos decir, desde la continua observación de todo cuanto a su derredor existe y se manifiesta, las señales, las huellas o signos que se muestran en su desnudez absoluta y en el marco de lo cotidiano. Pilar Quirosa bebe de la tradición lírica española más sustanciosa para crear su propio universo poético, por ello, ahonda en la nada para alcanzar lo absoluto. Su capacidad para la creación es relevante, de ahí que el legado que nos ha dejado sea extraordinariamente valioso. Nada ni nadie podrá impedir que después de su inesperada muerte, su obra sea divulgada como se merece, por derecho propio, por haber conquistado con su verso limpio y cristalino un lugar destacado en el panorama de la poesía española contemporánea, como también andaluza. Sabía bien Pilar de los muchos obstáculos que se cruzan en el camino, tanto por ser poeta como mujer, pero todos los salvó con la serenidad que la caracterizaba. En “Et signa erunt” nuestra poeta se nos muestra así. La madurez adquirida a través de los años va calando hondo y permite a Pilar trascender la realidad que vive para transformarla en otra bien distinta, o, cuando menos, más acorde con su mirada. Es esa mirada abarcadora de todo cuanto vive y se desvive en el interior del sujeto poético lo que muta o varía, lo que le hace proceder de un modo u otro, con el convencimiento de que el resultado final será una nueva forma, un nuevo ser, un nuevo espacio o un nuevo universo, y que podría resumirse en este verso: “En la mística del silencio”.

En la presente obra, “Et signa erunt”, son muchos los silencios sugeridos, aquellos que mantienen firme sus convicciones de mujer y de poeta, tanto por su manera de amar y sentir, como por su ética y estética, de quien actúa sin limitaciones, enteramente libre. De ahí que la simbología y sus incursiones a las diferentes realidades existentes en su mundo interior nos guíen por lugares misteriosos y mágicos, segura de que solo así, los lectores hallarán matices y sensaciones nunca antes vividas. Es como un viaje sin destino preciso, pero a sabiendas que será un viaje apasionante.

“Et signa erunt” es una prueba más del buen hacer de Pilar Quirosa-Cheyrouze. El libro está constituido por tres partes que ya en sí mismas definen o aproximan al lector a la verdad poética de su autora. Precede a dichas partes constitutivas del contenido una dedicatoria expresa a Estela Carles, amiga de la infancia en Tetuán, hecho que nos aporta la consideración que para la poeta tiene la amistad y la infancia, ese inolvidable tiempo vivido en su ciudad natal: primeras relaciones y juegos, sentires y miradas junto al mar Mediterráneo y su inabarcable azul. Por ello, y en este sentido, la primera parte del libro llevará por título “Alfa” (Los días oscuros), que iniciará con una cita de nuestro olvidado Nobel Vicente Aleixandre:




“He nacido una noche de verano 
entre dos pausas. Háblame: te escucho”.


Lo que mueve el mundo
viene dado mucho antes
de la cuenta atrás,
en juego último y necesario.
No lo dudes, amor:
lo que mueve el mundo
es el amplio espacio de tu nombre.

Las miradas marcan
el territorio de la noche
y atraviesa el cielo de agosto
una lluvia de Perseidas.


Amanece hoy
y tanta vida
se diluye ante mis ojos.
Este sol que no se apaga,
la marea oculta
y tus brazos en equilibrio.
Tanta soledad impresa.

Nacer a la vida, que no es sino celebración, como siempre lo fue para Pilar Quirosa. Vivir desde principio a fin, sin importar el tiempo, sino en la armonía del cosmos; mirar a las estrellas, en todo lo creado allí a lo lejos, en la oscuridad del firmamento o una noche de verano; y escuchar lo que se habla, lo que se cuenta a la luz de esas noches estrelladas y de luna. Todo en un único universo, creado y recreado una vez y otra en la fantasía infantil, en la serena paz del silencio que brama tras la hora del sueño. Navegar por del mundo a la búsqueda siempre del amor, que nos contiene y es ofrenda siempre, porque su verdad es una. Porque para Pilar Quirosa el amor es lo que mueve el mundo:



El mundo está en todos y cada uno de nosotros, en aquellos árboles del camino, en las aguas verdosas de un río, en las formas misteriosas de las montañas, en la mirada que descubre el horizonte al límite, en el vuelo de las aves. La noche y el silencio que habita al silencio permite a la poeta contener los asombros en la mirada siempre limpia del universo, del cielo que nunca decepciona, el juego de los gestos y los signos que descubre a medida que vive, que siente el agradable temblor de la palabra anidando la memoria. Mirar para dejar la justa señal de lo vivido, la luz del cuerpo amado ofreciéndose en su esencia:


El tiempo fluye por el solar de la memoria, es un tiempo necesario por soñado y vivido en aquellas noches de verano, y conformación luego de los años en esa especie de limbo que nos avisa y nos reclama la vida en soledad que la lejanía impone:



Quirosa se recrea en la noche y el amor que la soledad recuerda si miras al instante el estrellado cielo del estío que nos deslumbra y ciega, como si solo existiera la luciérnaga viva del amor en todas las cosas del mundo. No se puede vivir de espaldas a la vida, a lo que nos alegra como a lo que nos entristece, porque lo uno y lo otro forma parte de ella, y Pilar Quirosa, la poeta y la mujer bien lo sabe, por conocimiento y por vivido. En esa diatriba el tiempo se rebela y actúa como señal de destino:




En estas horas, hoy,
sólo quería el roce de tu mano
y olvidar la perenne amenaza
del destino.


¿Es una amenaza, realmente, el destino? Piensa la poeta que en ese laberinto que se supone es el mundo, corre peligro, porque el tiempo es pura soledad, el vacío que muestra sus fauces cada noche. ¿Y el sueño, el deseo de ser y conquistar otros espacios, otro tiempo de luz y armonía, dónde encontrarlo? La respuesta no puede ser sino el amor, y hasta ese amor vuela en las alas del verso, en la ardentía de la palabra creando mundos distintos y armoniosos. Es el amor la única salida en la oscura y calma noche, cercana a los lugares que ama, a la mar de su infancia, de su vida:




Abrazas, amor,
pequeñas estelas de tiempo.
La noche en Aguadulce
y este espacio de noviembre,
despertando a la mirada.


Aquellas luces primeras
—relájate y confía en la sabiduría
del mar— allá a lo lejos,
hoy tan cerca, hora breve,
largos días,
intuyendo el horizonte.



El mar de Aguadulce, tan cercana a su ciudad de Almería, su Avda. Madrid donde los días transcurren en candente soledad, amasando sueños en su salón de siempre, allí donde recibe a los amigos o enseña a los adolescentes, allí, tan cerca y tan lejos de las pasiones; observadora tras la cristalera de cuanto acontece y sueña. En su cotidiana existencia se aferra a los símbolos, a las señales o signos que la vida pone en su camino, esperando hallar la luz en cada esquina, en calles y plazas, en la mar que aroma de algas y salitre la vida:




Somete la sinrazón a la duda.
Y regresa luego, despacio,
sin detenerte.


Es el juego de la existencia.

Et signa erunt.



Las señales que son, todas en una misma voz. Voz del tiempo y la memoria en la luminosa palabra, amorosa, solidaria y humana, por no ser ajena al dolor y las penurias del mundo. Una voz alarmada por los acontecimientos:




Ahí van los Señores de la Guerra.
Van bebiendo de sus acres sabores
en chamuscadas derrotas.

Y se lavan el honor y la honra
desde su condición ofídica.
tu abrazo inesperado.

Acontecimientos que pueden concretarse en uno, tal fue el 11-M, cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York, con el resultado terrible de cientos y cientos de muertos, unos presos del fuego y otros de la desesperación al saltar desde las ventanas de los rascacielos al vacío. De nuevo la sangre y los cipreses como símbolos de la muerte, como verdaderos Jinetes del Apocalipsis. Todo parecía sucumbir, el mundo entero estaba en inminente peligro a causa de los fundamentalismos existentes, del terror sin más. Por ello la poeta se siente perdida en su soledad cotidiana, e impotente, no puede sino dolerse de todo cuanto sucede en el mundo, al pueblo americano, que es ahora también su pueblo y sus moradores sus hermanos. Ese amor fraternal anida en su corazón y en su pensamiento, no es ajena al dolor del “otro”, y de ahí que quiera reflejarlo en versos tales como:




Me está doliendo la herida
abierta del corazón
de la tierra,

la memoria brutalmente
detenida, el dolor
del silencio.



Me duele la sinrazón
de este tiempo inclemente,
las horas amputadas a la vida,
la angustia, el desamparo.

Y sentencia la poeta:




“Me duele este once de marzo, /
nacido desde el temblor de la Historia,
en los andenes de la cercana primavera”.

Así su mirada que es un abrazo fraterno al “otro”, al que muere y al que sufre, al que nunca más volverá a ser el mismo. Es la emoción trascendida, el corazón abierto para refugio del dolor lo que cuenta, por muchos que sean los cuerpos sepultados entre los escombros para mirar los cuerpos fantasmales, bañados de ceniza, alquitranados…Es esa mirada de poeta sabedor de su lugar en el mundo, de su canto y los silencios. En ese estar también acoge el verdadero significado de la amistad, tan enriquecedora, como legado del saber en el otro, aun distinto pero cercano en la propia concepción de un mundo afable. Por ello recuerda al poeta cordobés Vicente Núñez, seguramente asido a una copa de vino en su taberna de siempre, “El Tuta”, en la plaza Octogonal de la cordobesa Aguilar de la Frontera, y así lo cita como “voz alada en sentimiento”, y escribe estos versos correspondientes a “Poema último”:




Y al contacto
del lenguaje y de sus signos
navegamos —fieles, siempre—
por nuestra intensa memoria.


Acercados al misterio,
prolongamos el discurso
definitivo del ser último
que se atrevió a redimirnos,
inundado de atardeceres,
más allá de la partida.


No pierde ocasión Pilar Quirosa para mostrar su mediterraneidad como incansable navegante, sea por los múltiples vericuetos de la vida (“Navegábamos / por el sendero de la Historia”), porque en ese trance la Historia siempre “plena de signos y de infinitas sombras”, vislumbra el solar de la memoria y todo lo pretérito es trascendido a una realidad presente, y, a veces, también futura.

La segunda parte del libro se acoge al título Épsilon (Los ritos olvidados), precedida por una cita del poeta Jorge Guillén:





“Noche mucho más noche:
el amor ya es un hecho”.


De nuevo la noche como íntimo paisaje para el amor, en el que los silencios y las sombras, señalan la dirección del misterio y los asombros. Amor y Naturaleza en perfecta simbiosis (hojarasca de otoño, acantilado, altas copas de pinos, monte Athos…):




“Sólo las aguas, amor,
tratando de borrar el espejismo”.

 

El paisaje de lo vivido en amorosa entrega, desde la altura de una torre tal es el poema dedicado a Neus Bonet y titulado “Tour Eiffel”:




“En este espacio
último, París, en clave /
de hierro y de nostalgia. //


París es una urgencia
que nos convoca al deseo”.


Justamente épsilon es la quinta letra de las 24 que componen el alfabeto griego, y si nos atenemos a la numerología el 5 simboliza la libertad, siendo en la estructura del libro la parte central. En ella la melancolía o la nostalgia de la ausencia del padre:



Padre, sé que no estás,
pero te presiento,
en cada contraluz,
en el vuelo de los pájaros.


Y sé que vendrás
una noche, para siempre.



Quizá ahora, en no se sabe qué lugar, pero seguro la poeta se halle junto a él, liberada en ese espacio cósmico que tanto amaba. Los lugares amados están muy presentes, de ahí su rescate como en los poemas “En Formentor”, “Camino de Aurillac”, “Zona Cero”, “Amanecer en Valldemossa, pero también y como parte del paisaje las sombras, el ocaso, el horizonte que no es sino la palabra, esa luz que nos acoge y nos alimenta los días, como recoge el poema “Horizonte”, dedicado a su amiga bibliotecaria María José Rufete:




Jamás perece la luz
si navega la esperanza.


Nos llueve el silencio
y nos colma, voz de vida,
cuando nos abraza la palabra.


Ya en la tercera y última parte del libro, correspondiente a “Omega (Tempus fugit)”, representada por la última palabra del alfabeto griego, nos alumbra con en lo que pudiera ser su significado con una cita de Virgilio “Caelum hoc et conscia sidera testor”. La poeta viene a querer decirnos que el cielo y las estrellas son los testigos cómplices de un tiempo que nos pasará, de ahí su preocupación por el tiempo, la conciencia de su fugacidad, como lo es la propia vida. Por ello vuelve al viaje, a navegar por todos los mares posibles, a sabiendas que en ellos hallará naufragios y derrotas, pero en la esperanza que alcanzará el horizonte, y con ello, la tierra prometida, su propio universo. Ahonda en los significados y signos de la tradición clásica del mundo antiguo y es una guerrera más, una Ulises dispuesta a conquistar sus sueños:




Llueve intensamente,
y soy testigo
de una estirpe por llegar,
una leyenda negra
de mortandad y de oprobios,
cerca de los pueblos del mar.


El enemigo, su enemigo ahora es el tiempo:




“Enemigo mío, cruel tiempo,
pesadilla inmensa
generada por los lustros.
Jabalina letal
atravesando músculos y arena”.


Y piensa en regresar, pero ¿a qué mágico lugar, a qué ciudad, a qué playa o mar?; sí, el horizonte soñado todavía refulge en su memoria:



Amante y seductor de las estrellas
que todavía brillan en el horizonte,
cálido regreso a Medina Habu,
posible paraíso iluminado.

Más allá de la última playa,
más allá del Egeo,
la única salida posible.



El viaje, la partida hacia lugares desconocidos, no es sino sinónimo de sueño, de quimeras en la poesía de Pilar Quirosa, de tal manera que esa vital necesidad hace que piense y reflexione sobre la fugacidad del tiempo, por más que la esperanza de amar y ser amada sea el deseo que silencia ese tiempo de espera, ese cruel tiempo que se nos escapa presuroso. Alfa y omega, principio y fin, y un “Postrer gesto” que define la verdad poética de Pilar Quirosa cuando escribe, como colofón a este poemario los siguientes versos:


                                                      

Beso mi única bandera:
las sábanas que ocultan tu cuerpo.



Pilar Quirosa

MADRE LLUVIA © ALFONSO BERLANGA

MADRE LLUVIA


MEMORIA Y ELEMENTOS |


SOBRE “MADRE LLUVIA” DE 


JOSÉ ANTONIO SANTANO





El autor se acerca al último poemario de José Antonio Santano, desgranando su forma y su fondo, donde destacan la lluvia y la memoria.

© ALFONSO BERLANGA


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Una cita de José Ángel Valente, otra de Pablo García Baena y una más de Antonio Colinas, tres poetas muy presentes en su producción son el pórtico del último poemario de Santano. Como su propio título indica dos son los elementos protagonistas de esta obra, la madre y la lluvia. Dos referentes, emocionales y sentimentales que se engarzan en un mismo plano para sugerir justamente la indisolubilidad de ambos motivos poéticos y su perfecto hermanamiento. La madre, que lo fue todo para Santano y la lluvia, como elemento metafórico que le presta el tono nostálgico y evocador al libro. La madre está siempre presente y la lluvia acompaña ese tiempo de vida, pero también de dolor y tragedia que subsiste en todo el poemario. Y un verso marca el camino y puede servir de resumen de este libro: «la lluvia origen anega la memoria».


La lluvia, tantas veces referente de sentimientos y premoniciones –Monotonía de lluvia tras los cristales en Machado o Me moriré en París con aguacero en la voz de César Vallejo- es aquí una especie de  confidente y sirve como leitmotiv de la memoria del poeta, cuya única compañía es el sillón de orejeras en el que se sienta la madre, auténtica protagonista, que asiste como testigo mudo de un mundo triste, dolorido y silencioso que, marcado por la soledad, recita el autor a modo de letanía.


Santano se transporta de nuevo a su Iponuba natal para hacer un viaje iniciático guiado por la memoria al mundo cruel de la postguerra que tuvo que sufrir su madre, a quien va dedicado el libro, y cuyas secuelas tuvo también que soportar el poeta. Poesía comprometida, de alto contenido social, pero también extremadamente intimista, y con gran contención expresiva, introduce al lector


«En aquella postguerra

de impíos generales

y de obscenos tecnócratas»


Por encima de todo es el libro de la lluvia, la lluvia madre e inefable en multitud de formas y presencias.

En la que la madre, y el mismo poeta que recuerda la época de los hojaldres calientes, las meriendas de aceite y el queso a voz en grito, recuerdan como un estigma aquel amargo julio en la retina y los años derrota, como los llama Santano. Pero no se contenta con la mera visión poemática de un tiempo y una historia, sino que participa plenamente en las secuelas de estos y reivindica la memoria histórica de los perdedores en la contienda y la crueldad del exilio para muchos:


«…quien vendría con nosotros

una vez más

en peregrina promesa

a buscar los cadáveres

pero donde su búsqueda

¿en las cunetas

los olivos

en fosas ocultas

tal vez en secretos cementerios?…»


José Antonio Santano



Memoria que, lamentablemente, aún hoy muchas familias tienen que seguir reivindicando porque, después de tantos años, la herida sigue abierta y sólo se cerrará cuando todas las víctimas descansen en paz. Y el exilio, ese río proceloso que se llevó a miles de españoles en una travesía terrible y angustiosa, como la que tuvieron que soportar Antonio Machado y su madre camino de Colliure, y que, ante la incomprensión de muchos gobiernos y la generosidad de otros, llegaron a una tierra en la que durante muchos años vivieron con la retina puesta en la España de la que fueron expulsados.


Pero por encima de todo es el libro de la lluvia, la lluvia madre e inefable en multitud de formas y presencias. La lluvia personificada, la lluvia confidente, la lluvia que llama, la lluvia protectora o la lluvia de angustia. Es como si la lluvia que cae despertara la memoria del poeta y, una vez éste consciente de su poder, la transfigurara y la personificara para convertirse en la fiel acompañante y consejera del autor por un lado y en testigo presente y constante de la realidad que denuncia el poeta por otro. Así se aprecia desde el primer poema del libro:


«Nada enturbia la lluvia

que ahora cae sobre los párpados

de esta noche larga y ácida

que sube la escalera lentamente

y se refugia en la grisura

de un dolor antiguo

imperceptible a los ojos

tan lejano como ahora la lluvia

que escucha este viejo corazón…

La memoria

contenida en las entrañas las tuyas

madre lluvia…

la lluvia –tu lluvia-…

Allá donde la tierra madre

donde la madre lluvia»


Desde el punto de vista formal, los poemas se construyen por medio de una sucesión de versos, entre los que predomina el heptasílabo, que, a manera de letanía, tan del gusto del poeta, se engarzan como un poema río en una sucesión de imágenes del dolor y de la derrota que, en ocasiones, provocan la sorpresa del lector y que, sin duda, perfeccionan los logros conseguidos por el autor en anteriores libros. Así, en el poema I, transcrito anteriormente, se observa como la imagen de enturbiar la lluvia se encadena con su caída sobre los párpados, pero no humanos, sino, de la noche, que, a su vez, se encadena con otra imagen al suponer que ésta es ácida y que, personificada, puede subir las escaleras para, encadenándose a otra imagen, refugiarse en la grisura que, a su vez, se encadena en otra, de un dolor, para terminar de nuevo en la lluvia personificada que escucha.


En cuanto al léxico destaca, de acuerdo con el tono de denuncia y compromiso del texto, el léxico del dolor, de la angustia y el miedo y, sobre todo, la muerte que acecha y se ejecuta por los verdugos vencedores. Así el texto está lleno de cadáveres, cementerios o camposantos, muertos, huesos y osarios, verdugos, homicida, genocidio, gatillo, disparo o podredumbre. Pero en lo que Santano sigue fiel a su estilo es en el uso de la adjetivación: adjetivo antepuesto casi siempre cuando es único y cuya significación es más contundente que la del sustantivo al que acompaña y pospuesto cuando se trata de una doble adjetivación: sedosos abrazos; inmensa lágrima; verdosa mirada; impíos generales; metálicos sonidos; amargo julio; pérfida paz…  y, sin embargo, instante mágico y misterioso; estirpe eterna y sabia; cuerpo inerte y pálido; cabellos ondulados y negrísimos…


Madre lluvia pone un broche de oro a la producción del autor y significa un paso definitivo en su trayectoria poética


En suma, un libro que, de momento, pone un broche de oro a la producción del autor y significa un paso definitivo en su trayectoria poética y que, sin duda, se encuentra entre los más valiosos del poeta. Un libro, además, que cuenta con la permanente presencia de la madre, tan importante en la vida del poeta y que conlleva la parte más emocional del poemario para contrastar con la preocupación social que respira. Esa permanente presencia de la madre para marcar los diferentes estados de ánimo del poeta y construir a partir de los lazos emocionales nuestra memoria colectiva es uno de los grandes logros de esta obra y una originalísima manera de acercarse al tema.


Madre lluvia. José Antonio Santano. 

Olifante Ediciones, Tarazona (Zaragoza). 76 páginas, 15 €.




EL AUTOR ALFONSO BERLANGA REYES


ALFONSO BERLANGA REYES
Alfonso Berlanga Reyes

ALFONSO BERLANGA REYES nació en Málaga, pasó su infancia y adolescencia en Aguilar de la Frontera (Córdoba) y, tras muchos años de residir en Madrid, está asentado en Almería, en cuya ciudad comenzó ejerciendo como Catedrático de Instituto de Literatura y luego en El Tiemblo (Ávila), Alcalá de Henares (Madrid) y Madrid.  Realizó sus estudios universitarios entre Granada y Madrid, en cuya Universidad Complutense se licencia con Premio Extraordinario en Filología Románica.  Ha sido Agregado cultural en la Embajada de España en Suiza, Consejero de Educación en la de Portugal y Director general del Gobierno de España. Así mismo, ha desempeñado varios puestos de dirección en el Ministerio de Educación español. Entre sus publicaciones  destacan una «Historia de la literatura española a través de los textos»(Ed. Akal) en 4 volúmenes y un estudio crítico sobre «Poesía tradicional. Lírica y Romanero» (Ed. Alce), un análisis sobre “Literatura andaluza. Contribución al estudio de una realidad cultural a través de los siglos” en “Los andaluces” (Ed. Istmo, 1980), obra que, además, coordinó y ha coordinado junto a José Antonio Santano, una “Antología de poesía iberoamericana actual” (Ed. ExLibric, 2018). Ha publicado poemas en diversas Antologías y Revistas (“Ciudad celeste” (antología homenaje a Valente), “Más allá del sur” (poetas desde Almería), “Por ocho centurias” (en conmemoración del VIII centenario de la Universidad de Salamanca), entre otras.  Ha publicado los poemarios “Son aymara” (Ed. Alhulia, 2016) dedicado a La Paz, su vida y sus costumbres; “La casa de la Almedina” (Ed. Alhulia, 2017), una recreación estética y sentimental de Almería; “Luz y cal” (Ed. Alhulia, 2019), una reflexión sobre la alegría y el dolor de vivir, y tiene en prensa “Y todo fue mujer”, una visión estética sobre la mujer y su reivindicación.




Madre lluvia de José Antonio Santano. 
Editorial Olifante. Zaragoza 2021.

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Madre lluvia por Paloma Fernández Gomá

 

MADRE LLUVIA


Madre lluvia de José Antonio Santano. Editorial Olifante. Zaragoza 2021.

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Por Paloma Fernández Gomá




El poeta y crítico literario José Antonio Santano nos presenta su nueva obra editada en tierras aragonesas con acento andaluz: Madre lluvia. Un libro de poemas que aproximan los recuerdos del poeta hacia su madre, desde su admiración. El afecto hacia su progenitora eleva el contenido de los versos, siempre sugerentes, transparentes y acertados; trazando una sincronía de tiempo y acontecimientos vividos por su madre. Vivencias que van marcando la existencia del propio poeta como coprotagonista. Su madre vivió la guerra y la posguerra , como muchos otros españoles, perdiendo parte de su familia en una contienda fratricida que produjo muchísimo dolor. Pero nuestro poeta se sobrepone al dolor; lo va dilatando en sus versos, hasta convivir con él y demarcar su campo de acción entre recuerdos, sensaciones, vivencias, ausencias y amor como regenerador de la convivencia.

La lluvia es un elemento regenerador que aparece en el libro como símbolo necesario para unir y transmitir. Identifica nuestro poeta la lluvia con su madre, para aproximarse a ella a través de  la huella limpia y fértil que supone la lluvia en los versos de José Antonio Santano.

El autor inicia el poemario con citas concernientes a la lluvia, de Ángel Valente, Pablo García Baena y Antonio Colinas.

José Antonio Santano es un poeta de calado con una trayectoria amplia y fructífera. Su poesía bebe de la fuente del humanismo y siempre está cerca del hombre y su esencia vital y trascendente  como persona, capaz de reconducir  la sociedad e intentar cambiar el mundo. Junto a otro escritores Santano es fundador del Movimiento Humanismo Solidario fundado en el año 2013 con ocasión de la primera gran crisis vivida en el siglo XXI.

Los versos  de Santano son  humanistas y cercanos, donde la figura de su madre es la lluvia necesaria para cambiar el mundo y acercar la conciencia hacia la solidaridad y el respeto al otro.

En la página 26 del libro leemos: La lluvia toda/ su voz en la azotea,/ en el patio y los geranios,/ aletea como una mariposa/ de múltiples colores por la estancia,/un río en los ventanales/ corriente abajo/ regresa,/ en murmullo de sílabas/ al tiempo de la historia/ sigilosamente,/ de puntillas pasa la hierba,/ su frágil cuerpo acomoda,/ azulan los recuerdos en la sala,/ el retrato de una joven relumbra/ en el silencio/ lento vuela/ monocorde el sonido de campanas,/ también de los espíritus,/ la lluvia que no cesa. 

Página 29. En otoño/ los amantes se sueñan/ y un temblor de cuerpos/ se oculta en la noche/ por la lluvia invocados/y la negrura del miedo..

Página 33. Madre lluvia/ que humedece las mejillas/ y sabe a sal y sangre/ y a derrota/después de aquel temblor/ primero y naciente/ llegado el invierno a los caminos/ y a los campos de olivos,/ como si nada existiera/ en la alcoba/ desolada de la ausencia,/repetida y fría como el hielo/ que se hospeda en la mirada/ que otea el horizonte/ y nada ve y todo extraña.

La ausencia de la madre deja un espacio de vacío que el poeta no puede llenar con palabras. Es un salto mortal imposible de afrontar que te deja: un grito vacío en los muebles oscuros de la sala lejana en la puerta palabras que las noches de estío se tragaron de un golpe de regreso a la lluvia.

Las calles y plazas del pueblo, los muebles de la casa y hasta la lluvia recobran vida llaman a la ausencia sentida que se muestra en este libro. La ausencia de la madre son su dolor y el amor, junto  al recuerdo y la añoranza.

Nuestro poeta describe en su poemario la figura de su madre alentando su vida. La lluvia fértil y necesaria que le ayudó a crecer.

La sincronía y similitud entre madre y lluvia son eje y cuerpo en torno al que gira el libro. Los versos escalan las sensaciones vertidas por el poeta y a las que el lector se aproxima llegando a la máxima del libro: identificar madre y lluvia como dualidad única que genera protección, amor y sendero que nos conduce en la vida.

El hombre es el auténtico protagonista, capaz de llegar y asombrar con sus versos fraternos, transmitiendo los valores inculcados por su madre.

Un libro y un poeta unánimes, necesarios para recuperar valores sociales desde la convivencia.

En el epílogo leemos: Nuevamente la lluvia por su pálido rostro en rumor de silencios y una leve sonrisa.

José Antonio Santano nace en Baena en 1957 es poeta, ensayista y crítico literario. También publica narrativa. El Excmo. Ayuntamiento de Baena ha creado en 2021 el Premio Internacional de Poesía Joven “José Antonio Santano”.

Blogs: http://elolivardelaluna.blogspot.com/

  En este enlace podrán ver y consultar la obra del escritor y poeta José Antonio Santano.


Madre lluvia.

Editorial:
OLIFANTE
Año de edición:
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-122535-5-9
Páginas:
100
Colección:

OLIFANTE EDICIONES DE POESIA

AHORA QUE ES TARDE

 SALÓN DE LECTURA ______________________________José Antonio Santano



Ahora que es tarde


AHORA QUE ES TARDE
Ahora que es tarde
de 
JOSÉ LUIS MORANTE

Es este un tiempo extraño en el que parece campar con virulencia un excesivo egocentrismo. Las distintas situaciones que vivimos desde hace más de un año a causa de esta terrible pandemia nos está desequilibrando de tal manera que no atendemos a razones. Ahora, más que nunca, cada uno está solo ante sí mismo. Y por ese mismo motivo el ego se amplifica ostensiblemente. La situación nos ha llevado en otros casos a padecer una creciente ansiedad, una desesperada angustia que nos abisma en el vacío. La oscuridad se ha presentado sin previo aviso y el túnel no tiene fin. Es éste, digo, un tiempo gris, y de él somos todos prisioneros. La sensación de cárcel, o lo que es lo mismo, de privaciones se ha acrecentado tanto que no hay reacción, tampoco revolución posible, por citar los extremos. Tal vez, como he dicho en otras tantas ocasiones, sea la poesía la única salvación posible, el único refugio o la única verdad capaz de mantenernos vivos. La poesía venció a ese estado de abandono y ansiedad continua. Y así pude comprobarlo tras finalizar la lectura de uno de esos libros que quedan siempre en la memoria: Ahora que es tarde, un texto antológico, autoría del poeta abulense y también extraordinario aforista José Luis Morante (El Bohodón, Avila, 1956). Ahora que es tarde (espero que no lo sea mucho para tanto por hacer) recoge poemas de sus libros Rotonda con estatuas, Enemigo leal, Población activa, Causa y efectos, Un país lejano, Largo recorrido, La noche en blanco, Ninguna parte y el inédito Nadar en seco. Del prólogo es autor el profesor y poeta Antonio Jiménez Millán, quien en sus primeras líneas establece un análisis con base en tres cuestiones centrales: “la evolución del sujeto poético y la presencia de la otredad, los enlaces con la tradición literaria (y cultural, se podría decir) y, finalmente, la importancia de la metáfora del viaje”. José Luis Morante es un poeta de amplia y abarcadora mirada hacia el mundo que le rodea, pero también al interior, al que vive en él y se muestra en todos y cada uno de sus silencios. Por ello su poesía está marcada por la sutileza e ironía, la nada y lo absoluto complementándose en un juego conceptual riguroso, tal vez consecuencia de esa otra variante de la visión honda y profunda de la realidad que transforma con maestría en extraordinarios aforismos, caso de los compilados en otros textos, pero que marcan su impronta poética muy sustancialmente. El paisaje urbano, los objetos, las cosas sencillas y la cotidianidad también confluyen en este estar y ser del poeta que observa desde su atalaya cuanto acontece a su alrededor para luego transformarlo, mutarlo o metamorfosearlo en otra bien distinta realidad, abstracción o imaginario propios. El silencio interior se hace luz y regresa cada día en la mirada del poeta que no descansa en sus continuos viajes por la geografía de la realidad, como cuando enmudece en una cualquiera rotonda: 


“Cuando no supe de qué hablar con los hombres,
/ descubrí una rotonda y me dispuse
/ a enmudecer, sin más, entre sus piedras”.


 Morante señala en las cosas aparentemente sin importancia toda una variedad de significados y símbolos que proporcionan al lector las claves que caracterizan su poética, la fuerza de la sobriedad castellana de la mano de su honda expresión aun tratándose de un paisaje urbano. Esa lucha interior en la búsqueda de una identidad y la cruel realidad, nutre a veces una desazón, una manera de entender el mundo que vaga por la abstracción nacida de la experiencia y define un determinado modo ver las cosas desde una lejanía cercana. Es la palabra un fuego nutricio que no cesa y el poeta se sabe suyo, poseso de él:




“Desde mi soledad /
a ti camino, /
con la certeza intacta /
de que tú mientras tanto /
inventas el andén que ha de acogerme”.


en ese devenir de la vida, de las relaciones humanas, la ciudad se conforma nítida en la memoria:




“Una vez más regreso a la ciudad de siempre,
descifro con premura /
un largo itinerario de recuerdos,
mientras sube, con ardor renovado, /
la hiedra de otros días /
desde un lejano sueño hasta la boca. (…)

 La llegada del alba desvanece / una ciudad cuyo enclave es el olvido”. El paisaje urbano tan presente en la obra de Morante revela su particular percepción del mundo, pero también abarca una tradición literaria que abastece y enriquece su poesía, como cuando escribe, en alusión al gran Juan de Yepes: 




“Porque bajo el techado más sombrío
/ el pensamiento se conforma libre, /
siento el mínimo roce de unos versos.
/ Cada noche se afirman sin desmayo,
/ como si los forjara la impaciencia”.


Pero también el poeta se mira hacia adentro, a sí mismo, a lo que quiere o no ser, bucea en su propia carne hasta descarnarse, en su propia voz hasta enmudecer, así la vida, su vida en manos del destino, su alma entera en unos versos: 


“Crece el silencio en mí,
/ la nada vuelve. El tiempo es la frontera
/ en mi mapa menguante. /
A la luz del ocaso /
ya no quedan tareas perentorias. El futuro es de otros.”


 Sin duda alguna, Ahora es tarde es un libro necesario para aquellos que quieran acercarse a la obra poética de José Luis Morante, en esa búsqueda continua de la palabra y de todos sus silencios, donde su intensa luz ilumina el cosmos para reconocerse en el amor y la otredad como razón de ser: “Cerca o lejos, mientras existas, soy”.


AHORA QUE ES TARDE

Título: Ahora que es tarde

Autor: José Luis Morante

Editorial: La Garúa (2020)






MARPARAISO.

 


Lema: Tiempo de amapolas



No me resigno a que las cosas vayan

por la tierra peor que por el cielo.

Para cumplir con mi verdad escribo.


Leopoldo de Luis





Aquí tenéis mi voz

alzada contra el cielo de los dioses absurdos…


Blas de Otero



Hacia Cuatro Caminos, al número 3

de la calle Wellingtonia, en donde me esperaba,

bajo dos ojos con chispas azules,

la sonrisa que nunca he vuelto a ver

en el rostro

-plenilunio rosado-

de Vicente Aleixandre,

que dejé allí a vivir con sus ausentes.

Pablo Neruda



Aquel hombre tenía el recuerdo marcado

en claridad. Los ojos como olas pastueñas,

sosegadas, y, en ellos, una serena rama

del paraíso.


Antonio Hernández



El hombre es el poeta, y su imagen el hombre:

a Vicente Aleixandre, por su humano magisterio






Marparaíso






Por eso hoy, mar,

con el polvo de la tierra en mis hombros,

impregnado todavía del efímero deseo apagado del hombre,

heme aquí, luz eterna,

vasto mar sin cansancio,

rosa del mundo ardiente.

Heme aquí frente a ti, mar, todavía.


Vicente Aleixandre




NO FUE LA ÚNICA

hubo otras

dibujadas en la umbría

de la tarde más sola

y silenciosa, allí

en el centro del salón

esperaba su turno

inmóvil y callada.

Nacida de la hondura

de los ojos

tan azules como el agua

tan inmensa

como la mar que arde

a esta hora de la tarde

ya plegaria

oración crepuscular

que se derrama toda

en aquella blanca casa

en su paz de mediodía

allá donde alcanza la luz

su luz intensa

de niño que jugaba entre sus manos

con la mar

aquel mar de Málaga

y la brisa un eco

en su blanca piel mediterránea.




TEJER LA MAR DE NUEVO QUISE

respirar el aroma salobre

en las esquinas del Puerto

en ese instante mágico

de pescadores y barcos

naciendo de las sombras gigantes

cuando ya solo queda

allá en la cima Gibralfaro

como un ciprés inerte

que se adentra en sus ojos

y se abisma al fondo acuoso

de un sueño imposible

abrasadoramente vivo

pleno de paz

de gloria arrebatada

a la inocencia de los días

que suceden monótonos

hondos

después de haber besado

su cálida mirada.





A LA ALTURA DE LOS OJOS

verde luz de alameda

un pecho abierto al universo pleno

quietud deslumbrante y paraíso

génesis

o verbo que todo lo esclarece

en el silencio de la casa

cuando a solas vuelves

y subes la escalera como un rayo

las piernas como alas

batiéndose en el aire

que crece en las paredes

de regreso al azul de la inocencia

a la mar que resplandece

la calle de los juegos

y la fina voz del viento en las ventanas

que se hospeda entre los dedos de una infancia

ferviente

viva

eterna.




DE PURO AZUL

la luz del día

el rumor despierto de los pájaros

tras el balcón

y las aguas calmas de un mar

de gloria

que resucita en la retina

cuando dirige sus pasos

de calle en calle solo

camino de la escuela

del viejo don Ventura

alto en la estampa

de grande y noble corazón

tan humano en palabra

que recorre España toda

de colores en el hule

desgastado

y que esplende el crepúsculo

sobre el pupitre aquel

sobre el tintero

donde los días fueron

lugar para las risa

salvación junto al amigo

nombrado Emilio

con el que vuela hasta la altura

de la luz y en las pupilas se anilla

para seguir viviendo.




LA TENUE LUZ INVADE LOS ESPEJOS

y en el escaparate

centellea su nombre en los juguetes,

también el eco de las aves

en la cancela y la alcoba

nace al día cada mañana

en los azules ojos de Vicente

               que miran incesantes el futuro

               en la tangente del aire

o en la arena de la orilla

donde los pies desnudos

penetran el silencio de la espuma

y el tiempo

ese que nunca se detiene

que te espera y se desdice

y es señal o signo, un gesto solo

errante

desmemoriado

la grácil forma de unos dedos que vuelan

inocentes y libres

para alcanzar el borde de las nubes

el río que desemboca en la espesura

de las calles

zubia a Marparaíso

juego de mortecina luz

y enramada perenne de ola y sal.






LA MAR ES AVENTURA

el silencio más denso

de todos los silencios

una extraña ciudad

que a destiempo recorre

la memoria y el llanto

una tienda de muebles

en aquella calle Larios

un círculo en el aire

un río y una playa

la voz que el alma alienta

y respira en los besos

y es brasa en los amantes

una luz cegadora

un nombre que la brisa

ondea en la Alameda

y repite insistente

Emilio Emilio Emilio

Niño Adolescente Hombre

en eco de olas solo

fulgor de mediodía

solaz en Gibralfaro

cuando la lluvia suena

callada en los cristales

y en las sombras de la tarde

muy lentamente caen

sobre enormes espejos

o en la arena vidriada

al remontar el vuelo

en playa San Andrés

de regreso al silencio

toda luz en los nombres

que aún siguen presentes

donde el sol ilumina

ese tiempo pasado

esa voz de la infancia

como un dardo certero

en el iris del mundo

en la mar de Vicente.





INOCENCIA

La vida es sólo tránsito

fulgor

deseo

la nada y lo absoluto

que una vez y otra

vuela

hasta la infinitud de lo finito

inagotable

imperecedera

y regurgita silencios

y es temblor en la palabra

que lenta y fervorosa

desciende a la frondosa

eternidad

de la inocencia.






Velintonia 3




Yo conozco un jardín

donde es, callado, el amor


Vicente Aleixandre



SIEMPRE QUISE CAMINAR POR SUS CALLES

llegado el invierno

adentrarme en el frío de los verbos

y sentir en el pecho

ese inmenso dolor

de tristeza que sangra.

Lentos los días

demoledores

regresan

a su desnudez de signo

a su clara oscuridad primera.

Volver a Madrid

después de aquella muerte

caminar el Retiro

a las horas más muertas

descansar en un banco y agitado y contrito

en un vuelo hacia el cielo

de la fuente de piedra

Lucifer en el aire

como un ángel caído

manantial de hondo mal

por vivir en su grito

todas las muertes juntas.

Volver a Madrid cada tarde

en las alas del tiempo

en un breve suspiro.





               ALLÍ DONDE LA LUZ SE VUELVE OCASO

voz peregrina que aduerme los sentidos

un nuevo hogar

para vivir los días

perderse en la ciudad desdibujada

correr hacia la nada de las sombras

y cobijarse en ellas

en la espesa luz de su negrura

hasta alcanzar la cúspide de la arboleda amiga

nada más saberse aire

en los labios de Cibeles

y ser metálico rumor

de aquel tranvía que cruza la ciudad

y sus silencios.

Allí donde la luz de su palabra

surgía cada mañana

montada en bicicleta

y en las alas del tiempo

recorría las aceras soleadas

abrigado de paz

entre la niebla muchedumbre

donde la soledad toda

en cuerpo y alma

reposa ya en la casa

rosa y piedra

eterna en los azules

que regresan

a la grisura de la carne

               adormecido el deseo.



VINO COMO UN RAYO

al corazón

encandilando ojos

abrasado a las manos en la entrega

y todo se alegró con su llegada

eliminó temores y vacíos

pronunció su nombre

y ante él

el mar se mostró

soberano

alocado y febril.

Vino y se fue en muchas ocasiones

en compañía de tardes y de otoños

a la luz de la música

infinitamente hiedra

en el silencio de los ojos vivo

azul

tan azul que deslumbraba al sol

               quedo, fuera de sí, huido

como ausente a los dones de la tierra

pero el amor era tan suyo

tan endemoniadamente suyo

que amar amaba

y amó

hasta el último segundo.


Vino como un rayo

al corazón

tejiendo versos.



autor: JOSÉ ANTONIO SANTANO


Detalles del libro

EditorialCasa de Galicia en Córdoba
Edición ed. (08/09/2019)
Páginas50
Dimensiones22x14 cm
IdiomaEspañol
ISBN9788493533366
ISBN-10849353336X
EncuadernaciónTapa blanda

SEPULTA PLENITUD 2023

SEPULTA PLENITUD 2023
José Antonio Santano

SILENCIO [Poesía 1994-2021] (2021)

SILENCIO [Poesía 1994-2021] (2021)
José Antonio Santano

ALTA LUCIÉRNAGA. 2021

ALTA LUCIÉRNAGA.  2021
JOSÉ ANTONIO SANTANO

Madre lluvia. 2021

Dos orillas.2020

Dos orillas.2020

Marparaíso.2019

Marparaíso.2019

Tierra madre.2019

Cielo y Chanca.2019

Antología de poesía.2018

Antología de poesía.2018
Iberoamericana actual. 2018

Lunas de oriente.2018

La voz ausente. 2017

Humanismo Solidario.2015

Los silencios de La Cava. 2015

Tiempo gris de Cosmos.2014

TIEMPO GRIS DE COSMOS 2014


JOSÉ ANTONIO SANTANO

ISBN: 13: 978-84-942992-3-0

Clasificación: Poesía.

Tamaño: 14x21 cm

Idioma de publicación: Castellano

Edición: 1ª Ed.1ª Impr.

Fecha de impresión: Noviembre 2014

Encuadernación: Rústica con solapa

Páginas: 104

PVP: 12€

Colección: Daraxa












José Antonio Santano, en Tiempo gris de cosmos, articula un canto para “todos los habitantes del planeta”, una poetización de la realidad actual, de “abisales conductas, de feroces decretos / y sentencias, de gritos que enmudecen / en las paredes de las casas / […] / Pienso en la estricta ley del poderoso / clavándose en la carne como lanza, / en sus manos manchadas de sangre, / en sus actos inmorales, / en su oratoria de muerte”.

Por eso se adentra en la libertad de los fondos marinos de los sueños, de la fraternidad, de los bosques, para hospedarse junto al hombre marginado y ser el otro, el padre de los desheredados en un lorquiano romance sonámbulo donde, intertextualizando al granadino, afirma, superando el egocentrismo y derramándose en la otredad, “y yo que no soy yo”, ni su casa, la Tierra, es ya su casa.

José Cabrera Martos

Memorial de silencios. 2014

Memorial de silencios. 2014
He vuelto, como cada día he vuelto para enterrar los chopos bajo el rostro de los sueños, la estela del pasado, el vuelo de las manos en otoño. He vuelto para hundierme en el sonido desgarrado y monótono de teclas que en el blanco papel se precipitan, o en las horas perdidas, en despachos misteriosos de pálidos sillones. He vuelto como siempre, como siempre, para contar silencios de ultratumba -como siempre- que manchan la memoria de sangre y soledades, como siempre. He vuelto como siempre, como siempre, exhausto, con el drama en las pupilas, borracho de naufragios y derrotas.

Estación Sur. 2012

Caleidoscopio.2010

Razón de Ser.2008

El oro líquido.2008

El oro líquido.2008
El oro líquido. El aceite de oliva en la cultura. 2008 VVAA. El oro líquido. El aceite de oliva en la cultura. Edición de José Antonio Santano. Epílogo de Miguel Naveros. Diputación de Jaén. 2008.

Il volo degli Anni.2007

Trasmar.2005

Las edades de arcilla.2005

Quella strana quiete.2004

La cortaera.2004

Suerte de alquimia. 2004

Árbol de bendición.2001

La piedra escrita.2000

Exilio en Caridemo.1998

Íntima Heredad.1998

Grafías de pasión.1998

Profecía de otoño.1994

Canción popular.1986